Años noventa
Los 90s del América y la final que Pumas ganó… sin ser superior
Para el América, los años 90 fueron una década para el olvido. Lo poco rescatable fue la Copa Interamericana 1991 frente al Olimpia de Paraguay y, más adelante, la espectacular temporada 1994–1995 de la mano de Leo Beenhakker.
Precisamente en esa etapa noventera, el enfrentamiento contra Pumas dejó partidos memorables. Hubo uno en particular, vibrante de principio a fin, lleno de goles y emociones.
Final 1990–1991: el contexto antes del golpe
Favoritos en el papel, fantasmas en la cabeza.
Pero antes de ese partidazo, América y Pumas se vieron las caras en la final de liga 1990–1991. Era la tercera vez que definían un campeonato en menos de diez años.
Los Pumas llegaban como líderes generales, con puro jugador de cantera que después serían figuras del fútbol mexicano. Para rematar, contaban con el campeón goleador y extranjeros perfectamente adaptados, destacando el chileno Juan Carlos Chávez.
En el papel, Pumas era claro favorito. El América no era espectacular, pero sí frío, calculador y bien conjuntado.
Aun así, los Pumas afrontaron la final con más miedo que confianza. Los fantasmas de haber perdido dos finales consecutivas contra el mismo rival pesaban, y mucho.
Ida en el Azteca: 20 minutos de pesadilla
El partido de ida se jugó el 19 de junio de 1991, de noche, con el Estadio Azteca lleno. Apenas al minuto 1:15, Luis García anotó para Pumas.
Pero el América reaccionó como se juega una final. Al minuto 12, Toninho empató con un disparo desde fuera del área. Dos minutos después, un saque de banda de Juan Hernández terminó en el 2–1 de Farfán.
El Azteca explotó. El América no dejaba respirar a Pumas. Zaguinho entró al área y sólo pudo ser detenido con falta: penal claro. Antonio Carlos Santos lo cobró con clase y sangre fría: 3–1.
Esos primeros 20 minutos fueron una pesadilla para Pumas. Parecía que tenían plomo en las piernas.
El marcador pudo ser más amplio, pero Santos exageró su clase en una, y Jorge Campos salvó otra antes del descanso.
Segundo tiempo: el gol que cambió todo
En el complemento, al minuto 1, David Patiño anotó de larga distancia: 3–2. Ese gol pesó como plomo.
El América bajó intensidad, pero seguía siendo más peligroso, sobre todo con la velocidad de Zaguinho. Aun así, ese gol le dio a Pumas el “empate moral”, pues en C.U les bastaba ganar 1–0 o 2–1.
El partido terminó, y sólo quedaba esperar el 22 de junio de 1991.
Vuelta en C.U.: campeón por reglamento
Hoy es común escuchar a jugadores de Pumas de esa época confesar que no pudieron dormir la noche previa.
El partido fue ríspido. Arturo Brizio marcaba todo para evitar descontrol. En una de esas faltas, más por “aflojar el cuerpo” que por infracción clara, vino el gol.
Tiro libre fuera del área, Tuca Ferretti disparó colocado, Adrián Chávez no pudo hacer nada: gol de Pumas.
El América buscó el empate con cautela, luego con desesperación. Tiros libres, centros, llegadas… pero Jorge Campos detuvo todo. Incluso en el último minuto, Alex Domínguez tuvo la suya.
El partido terminó. Pumas celebró como campeón. Marcador global: América 3 – Pumas 3. El título se decidió por el gol de visitante.
En el papel, Pumas fue campeón. Pero para mí, nunca ejerció la superioridad que se espera de un líder general, ni siquiera teniendo al campeón goleador.
Con el reglamento actual, con tiempos extra y penales, la pregunta siempre quedará: ¿habrían sido campeones en 1990–1991?