Rivalidad capitalina
América vs Pumas: pasión universitaria, ruido mediático y una rivalidad desigual
El duelo América–Pumas, a pesar de la clara disparidad de títulos a favor del América, es una de las rivalidades más enconadas del fútbol mexicano. Aunque sigue siendo debatible llamarlo “clásico”, se trata sin duda de un enfrentamiento candente, pasional y mediático, que va mucho más allá de lo que sucede en la cancha.
Duelos épicos, finales polémicas y situaciones extra–cancha son las causas por las que este enfrentamiento se considera el más “caliente” del fútbol mexicano. Seguramente aficionados de Chivas, Atlas, Monterrey o Tigres dirán que su clásico reúne esas mismas características. No se niega la importancia del Clásico Tapatío o el Clásico Norteño, pero hay un detalle clave: en ninguno se han disputado tantas finales de liga ni ha existido tanta influencia mediática .
Rivalidad sí, violencia no
Una línea que muchos confunden.
Las rivalidades deportivas son sanas. Rivalidad, aclaro, no violencia. Lamentablemente hay quienes confunden el término y lo trasladan a las gradas o incluso a las afueras del estadio.
Algunos consideran “grande” a los Pumas. Para mí, son más bien un animador. Nadie niega que tengan una base importante de aficionados, principalmente en la Ciudad de México, pero para muchos —incluyéndome— son uno más.
¿Qué define a un equipo grande?
Compromiso, exigencia y obligación de competir.
Un equipo grande tiene obligaciones. Una de ellas es comprometerse, desde el inicio de cada temporada, a pelear por campeonatos, incluso participando en dos o tres torneos distintos.
Los Pumas suelen refugiarse en argumentos como:
• “Nuestra tarea primaria es debutar jóvenes”.
• “Con calificar a la liguilla, lo demás es ganancia”.
• “No invertimos, así que no es fracaso”.
• “Pero ya se va un jugador a Europa”.
Esa forma de trabajo puede ser válida, pero entonces no pueden autodenominarse un equipo grande. Ese discurso resta compromiso y, en muchos casos, seriedad.
En algunas ocasiones han sido campeones del fútbol mexicano, sí, pero con muchos “detallitos”. A esos títulos bien se les puede llamar “campeonatos de rebote”, porque ni ellos mismos los esperaban. Los primeros sorprendidos… fueron ellos.
C.U., ventaja en casa y prácticas cuestionables
Cuando la localía pesa más de la cuenta.
En Ciudad Universitaria la ventaja suele ser para Pumas. Su directiva vende boletos prioritariamente a facultades de la UNAM y el sindicato se encarga de la distribución. Y no olvidemos que estamos en México: compadrazgos, colusión con revendedores y prácticas ventajosas forman parte del panorama.
Aficiones como la del América, Guadalajara o Cruz Azul son relegadas a una sola cabecera, con mala visibilidad. Si a eso se suman bocinas de ambiente colocadas estratégicamente para silenciar a la visita, el resultado es una ventaja antirreglamentaria.
El origen real de la rivalidad
Un traspaso que lo cambió todo.
La rivalidad nació en 1969, con el polémico traspaso de Enrique Borja de Pumas al América. Para los universitarios fue un golpe durísimo: su ídolo se marchaba al rival.
El propio Borja se negó al inicio, pero una vez enfundado con la playera americanista alcanzó los mayores éxitos de su carrera .
Preguntas simples:
¿Con qué equipo fue campeón de liga?
¿Con qué equipo fue campeón de copa?
¿Con qué equipo fue tricampeón de goleo?
“Pase de Reinoso… gol de Borja”.
Nos guste o no, Enrique Borja es recordado mucho más como americanista que como universitario. Y eso, pese al coraje y rencor que aún guardan algunos aficionados de Pumas.